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Una gran variedad de industrias necesita del huevo para elaborar
sus productos. En el sector de alimentación humana el huevo
aporta, además de su alto valor nutritivo, una amplia gama
de propiedades funcionales que son necesarias para los procesos
de fabricación de muchos alimentos. Por otro lado, el creciente
consumo de platos precocinados implica un mayor empleo del
huevo en diversos preparados, desde los más tradicionales
(huevos cocidos pelados, tortillas) a los más sofisticados
(comidas étnicas).
Para algunas industrias no alimentarias también son de gran
importancia ciertas cualidades tecnológicas, principalmente
las que residen en la clara. Sin embargo, los usos no alimentarios
de los derivados del huevo sólo suponen por ahora el 5% del
total. La fabricación de piensos para animales de compañía
y acuicultura, en claro proceso de crecimiento, también puede
recurrir al huevo como materia prima de alta calidad nutricional.
Existen muchas posibilidades de
utilización de los ovoproductos (ver
cuadro), que probablemente seguirán aumentando en
el futuro. En principio éstas son generalizables a todos los
tipos de ovoproductos: Líquidos, congelados y desecados. Pero
estos últimos son menos adecuados para elaborar postres helados,
bebidas o alimentos infantiles, y la clara deshidratada tampoco
sirve para fabricar helados.
El huevo entero también posee la mayoría de las propiedades
de la yema y cierta capacidad espumante, pero lógicamente
en menor grado. Su utilización es bastante habitual en la
fabricación de mayonesas y salsas, flanes, magdalenas, pastas,
barquillos, panes especiales,... Es interesante conocer las
propiedades funcionales que poseen
los componentes de yema y albumen y sus posibles aplicaciones
(ver cuadro).
Ya es posible separar y purificar ciertos componentes del
albumen, como la ovoalbúmina (55% de la proteína de la clara)
apreciada en la industria alimentaria como agente emulsionante
y espumante.
La lisozima (30g/kg albumen),
también agente emulsionante y espumante, se emplea como conservante
natural en diversos alimentos, por su actividad antimicrobiana
bastante específica (Clostridios, Yersinia, Campylobacter,
ciertos bacilos); también es útil en la industria del vino
y en la fabricación de medicamentos.
La avidina también tiene usos
farmacéuticos, y forma parte de determinados kits de
diagnóstico, pero su producción en Europa se halla en un estado
incipiente. Otras muchas proteínas de la clara - que incluye
más de 30 - pueden tener aplicaciones importantes, que se
irán desarrollando a medida que se perfeccionen y abaraten
las correspondientes técnicas de separación y purificación.
Las complejas interrelaciones entre los componentes de la
yema hacen más difícil su extracción diferenciada, pero también
se esperan nuevos avances. El primer paso fue la obtención
de lecitina, sustancia que posee una gran capacidad emulsionante.
En un futuro próximo puede crecer considerablemente la utilización
de sustancias extraídas del huevo, cuyas propiedades funcionales
son así más poderosas que las de la yema o clara sin fraccionar.
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