| El huevo tiene una enorme riqueza nutricional, y su inclusión
en la dieta presenta, por ello, un gran interés en
cuanto a beneficios nutricionales y sanitarios1,2,3. Sin embargo,
en la década de los setenta comenzó a extenderse
en todo el mundo un exagerado temor al colesterol, por su
implicación en el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
El huevo, como alimento de elevado contenido en colesterol,
comenzó a ser denostado y su consumo a decrecer considerablemente
en los países occidentales2.
Posteriormente, los estudios realizados sobre el tema han
puesto de relieve que sólo un 20% de la población
responde con elevaciones de colesterol plasmático a
ingestas relativamente elevadas de colesterol dietético.
Causas genéticas, y otros factores como el transito
intestinal rápido o lento, el sedentarismo y la obesidad
pueden influir también en la modificación de
la colesterolemia. Por otra parte, otros componentes de la
dieta como la ingesta de fibra, los fitoesteroles y otros
esteroles de la fauna marina pueden interferir en la absorción
del colesterol.
Los resultados de los estudios en epidemiología nutricional
realizados en los últimos años indican la débil
elevación del colesterol plasmático con los
cambios del colesterol dietético2,4. Concretamente
el mayor estudio epidemiológico realizado (con 118.000
varones y mujeres) para analizar la relación entre
consumo de huevos y padecimiento de enfermedades cardiovasculares
puso de relieve que el consumo de hasta un huevo por día
no tenía un impacto significativo en la mortalidad
por este tipo de procesos4. En tres grupos de jóvenes
sanos se evaluó el efecto del consumo de 3, 7 y 14
huevos semanales. Después de 5 meses de dieta controlada,
no hubo diferencias significativas en los lípidos plasmáticos5.
El mismo ensayo llevado a cabo en adultos sanos, con adicción
de 2 huevos/día a su dieta habitual, puso de relieve
que a las 6 semanas el colesterol HDL había aumentado
un 10%, el colesterol total un 4% y la relación colesterol
total / HDL-colesterol no se había modificado6. Por
otra parte, el estudio de Kerver et al.7 puso de relieve que
las personas que tomaban más de cuatro huevos por semana
tenían cifras inferiores de colesterol sérico
que los que consumían uno (o menos) huevos por semana.
Por tanto la preocupación acerca del colesterol del
huevo es una cuestión que está ya superada a
la luz de las recientes investigaciones. La evidencia de que
el consumo de huevos no está relacionado con el incremento
del riesgo cardiovascular es una de las conclusiones que se
desprenden de los resultados del trabajo desarrollado por
el equipo del profesor Sung I. Koo, del Departamento de Nutrición
Humana de la Universidad de Kansas (Estados Unidos) sobre
los efectos positivos de la lecitina o fosfatidilcolina presente
en la yema del huevo, que además de ser una excelente
fuente de colina y actúar en el desarrollo de la función
cerebral y la memoria, limita la absorción del colesterol
que contiene el huevo. Los resultados muestran la primera
evidencia científica de que la fosfatidilcolina de
la yema de huevo reduce de forma significativa la absorción
intestinal de colesterol 8.
Recientes investigaciones ponen de relieve que los huevos
son fuente de carotenoides (luteina, zeaxantina) facilmente
disponibles, y que estos componentes antioxidantes pueden
ayudar en la prevención de la degeneración macular
y contribuir a retrasar la aparición de cataratas9.
Las restricciones en el consumo de huevos y la consideración
de este alimento como “peligroso” por su contenido
en colesterol, no están avaladas por los numerosos
y exhaustivos estudios científicos realizados en las
dos últimas décadas2. Para reducir el riesgo
cardiovascular, es mucho más importante limitar la
ingesta de grasas totales y saturadas, combatir la obesidad
y modificar los estilos de vida característicos de
sociedades occidentales, especialmente el sedentarismo10.
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