La complejidad de la composición del huevo y las características
muy diferentes de las partes que lo componen (yema y clara) ofrecen
múltiples posibilidades de utilización en la cocina en función de
las cualidades físico-químicas u organolépticas que se requieran
para cada receta. Así, el huevo tiene capacidad espumante, emulsionante,
espesante, aglutinante y colorante, entre otras. Por eso, además
de los placeres gastronómicos que proporciona consumido en platos
que lo emplean como único ingrediente (huevo frito, tortilla francesa,
huevo cocido, escalfado, mollet, pasado por agua…), el huevo se
hace imprescindible en multitud de recetas que requieren su presencia
para aportar sus propiedades funcionales características, entre
las que destacan:
- Capacidad coagulante: es
una cualidad que comparten clara y yema. Se produce por la desnaturalización
de las proteínas del huevo por efecto del calor o de la agitación
mecánica. Las ovoalbúmina es la fracción más importante de las proteínas
que componen la clara y la principal responsable de este efecto.
La coagulación de la clara comienza a los 57º y a partir de 70º
la masa se solidifica. La yema comienza a espesarse a 65º y deja
de ser fluida a partir de los 70º. La coagulación es muy útil en
la elaboración de repostería (flanes, puddings), pero además es
una de las propiedades más empleadas del huevo, cuyo tratamiento
más común en la cocina es el calor (huevos cocidos, tortillas, rebozados,
elaboración de repostería…).
- Capacidad aglutinante: es
una característica de la clara y de la yema, aprovechada en charcutería.
Permite la unión de los diferentes componentes de un producto elaborado
gracias a la capacidad de los sistemas coloides que son la clara
y la yema para formar geles en los que engloban otras sustancias
añadidas. Los patés, por ejemplo, consiguen su textura gracias a
esta propiedad.
- Capacidad espumante: es una
propiedad de la clara. La espuma es una emulsión agua-aire. La formación
de espuma tras el batido es debida a las proteínas denominadas globulinas
y lisozima. La estabilidad de la espuma formada se debe a la ovomucina.
Las proteínas termo-coagulables previenen el desmoronamiento de
la espuma durante la cocción. El poder espumante del huevo se aprovecha
en repostería para la elaboración de merengues, mousses, claras
a punto de nieve, bizcochos, pasteles…
- Capacidad anticristalizante:
la clara de huevo es la responsable de esta característica. Es muy
útil en pastelería y confitería, donde se emplean soluciones sobresaturadas
de azúcar. Un ejemplo es el empleo de la clara de huevo en la fabricación
de turrón, que permite trabajar con concentraciones muy elevadas
de azúcar sin que éste forme cristales detectables.
- Capacidad emulsionante: es
propia de la yema y conferida por su estructura, ya que es una emulsión
del tipo aceite-agua. La yema confiere gran estabilidad a las emulsiones
en las que interviene, debido a su viscosidad y a la presencia de
lecitina. Esta propiedad es la que permite que “liguen” las salsas
(mayonesas y otras).
- Capacidad colorante: es propia
de la yema, que aporta los pigmentos que le dan su color característico.
Es especialmente importante en pastas alimenticias, repostería,
salsas…
- Capacidad aromatizante: el
huevo tiene un aroma especial, aportado por la yema, que transmite
a los platos en los que interviene. Esta propiedad es igualmente
apreciada en la fabricación de pastas alimenticias (macarrones,
raviolis, etc.), y en repostería.
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