Calidad y Seguridad alimentaria*

La calidad del huevo está directamente relacionada con su frescura, su correcta producción definida por el la normativa vigente, el Modelo de producción de alimentos de la Unión Europea. Conocer cómo se produce, comercializa y conserva un huevo nos permite identificar y comprar huevos de calidad y utilizarlos de forma segura en el día a día.

¿Cómo se distingue un huevo fresco?

La frescura del huevo es un factor fundamental para determinar su calidad objetiva. Está directamente relacionada, por un lado, con las características exigidas a los huevos de categoría A en la normativa de comercialización de la Unión Europea (calidad de la cáscara, de la clara y yema) y, por otro, con los cambios que experimenta el huevo desde el momento de la puesta.

Un huevo presenta su máxima calidad y frescura justo en el momento de la puesta. A partir de ese instante comienzan a producirse una serie de transformaciones naturales que permiten diferenciar un huevo muy fresco de otro que no lo es tanto. Comprender estos cambios es clave para saber si los huevos son de calidad, es decir, frescos.

Manejo seguro del huevo

El huevo es un alimento seguro y de gran valor nutricional, siempre que se produzca, manipule y conserve correctamente. Por ello, conocer las normas básicas de manejo seguro del huevo permite reducir riesgos sanitarios, preservar su calidad y garantizar su consumo seguro.

Consejos de conservación y consumo

La forma en que se almacenan, manipulan y consumen los huevos influye directamente en su frescura, seguridad y aptitud para el consumo. Aplicar unas pautas sencillas de conservación y buenas prácticas en la cocina ayuda a saber cuándo un huevo puede consumirse, cuándo debe desecharse y cómo evitar contaminaciones durante su uso.

Higiene alimentaria

Durante todo el proceso, desde la granja hasta el consumidor, los huevos deben mantenerse limpios, secos, protegidos de golpes, alejados de olores externos y de la luz solar directa, y conservarse a una temperatura estable que garantice su calidad higiénica. Estas medidas forman parte de las normas especiales para la manipulación del huevo.

Los huevos deben llegar al consumidor en un plazo máximo de 28 días desde la puesta, fecha que coincide con la fecha de consumo preferente, que no es una fecha de caducidad. Si el huevo se ha conservado correctamente en el frigorífico y la cáscara permanece intacta y limpia, puede consumirse algunos días después, siempre extremando las precauciones higiénicas.

Cuando los huevos están cerca de la fecha de consumo preferente, se recomienda cocinarlos bien (por encima de 70 ºC) y destinarlos a preparaciones como rebozados, huevos cocidos, o masas horneadas, en las que la cocción es completa. De este modo se minimizan los riesgos relacionados con posibles contaminaciones microbiológicas. Debemos evitar usarlos en salsas u otras elaboraciones sin tratamiento térmico adecuado.

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