Impactos ambientales derivados de la producción de huevos. Alternativas de mejora sostenible

AUTORES: Amanda Laca, Adriana Laca, Mario Díaz. Departamento de Ingeniería Química y Tecnología del Medio Ambiente. Universidad de Oviedo. Oviedo. España

 

14 de julio de 2021.- El sector agroalimentario consume una gran cantidad de materias primas, energía y agua, y origina además una cifra notable de residuos, lo que conlleva la generación de importantes impactos ambientales, tales como el calentamiento global, la eutrofización de las aguas, la destrucción de la capa de ozono, el agotamiento de los recursos hídricos, la ecotoxicidad, la acidificación del suelo, el agotamiento de recursos o la pérdida de biodiversidad, entre otros. Concretamente, los impactos ambientales asociados a las granjas avícolas se pueden atribuir a dos fuentes principales: la alimentación de las gallinas y las emisiones originadas por el estiércol.

Impacto de la alimentación de las aves

En la bibliografía se pueden encontrar diferentes trabajos que coinciden en que la alimentación de los animales (incluido cultivo, procesamiento y transporte de los ingredientes) es la etapa de mayor impacto asociada a la producción de huevos. Esto es debido principalmente a que los ingredientes empleados en los piensos son producidos externamente a la granja avícola. Por ejemplo, la producción de soja se limita a determinadas zonas del mundo, por lo que, frecuentemente, debe transportarse distancias muy largas (desde Brasil y Argentina a Europa), lo que incrementa los impactos ambientales asociados con la elaboración de los piensos. Por otra parte, no sólo el transporte contribuye a los impactos ambientales derivados de la producción de estos ingredientes, ya que el cultivo de soja ha sido descrito como responsable de importantes problemas ambientales, tales como el cambio de uso del suelo, la pérdida de biodiversidad y la destrucción de la selva tropical. Por ello, una alternativa de gran interés para mitigar los impactos derivados de la alimentación de las gallinas consiste en producir los ingredientes de los piensos en la misma región en la que se ubican las granjas de ponedoras, con el fin de reducir los impactos originados por el transporte. También emplear materias primas procedentes de cultivos con certificación de origen sostenible o de procedencia de zonas no deforestadas, o aprovechar alimentos y subproductos no aptos para el consumo humano y otros subproductos alimentarios para alimentar a las aves.

No obstante, por diferentes motivos, resulta difícil encontrar fuentes alternativas de proteínas para su uso en las formulaciones de piensos. Las proteínas animales obtenidas como subproductos de la industria alimentaria podrían ser una buena alternativa y, de hecho, en 1990 la harina de carne y de pescado eran importantes fuentes de proteínas empleadas en los piensos para la producción de huevos. Sin embargo, la crisis de la encefalopatía espongiforme bovina en Europa provocó restricciones en el uso de harina de carne (Reglamento CE 999/2001), lo que resultó en un empleo mayor de la harina de soja en la alimentación animal. Por otra parte, el uso de insectos como fuente de proteínas alternativa y sostenible para la alimentación animal ha sido ampliamente estudiado en la bibliografía. Esta es una opción atractiva por muchas razones: los insectos son muy ricos en proteínas y pueden criarse a partir de subproductos industriales y residuos orgánicos, mostrando además una alta conversión alimenticia, alta fecundidad y bajos requisitos de espacio. En concreto, se ha evaluado el empleo con éxito de diferentes especies de insectos, tales como el gusano de la harina (Tenebrio molitor) y la mosca soldado negra (Hermetia illucens), como fuente de proteínas en la elaboración de piensos para avicultura. Aunque los insectos han demostrado ser una alternativa prometedora como fuente de proteínas en la alimentación de ponedoras, en la actualidad en la UE, las proteínas animales procesadas están prohibidas para su uso en la alimentación de rumiantes y animales monogástricos (Reglamento CE 999/2001). En este contexto, la UE aún debe resolver una serie de aspectos legales pendientes, como la regulación sobre las condiciones de vida y muerte de los insectos, garantizando además la seguridad de los piensos desde un punto de vista alimentario.

La UE ya permite desde 2017 el uso de proteína animal procesada de insectos en la acuicultura (Reglamento UE 2017/893). Tras este paso, y considerando que los insectos forman parte de la dieta natural de las gallinas, se espera la autorización del uso de proteína procesada procedente de insectos en granjas avícolas en un futuro próximo. Asimismo, también se encuentra en trámites de aprobación el uso de harinas de origen porcino en la dieta de ponedoras.

Haciendo referencia específicamente al consumo energético asociado a la avicultura de puesta, nuevamente, la producción y el transporte de piensos es la etapa con mayor importancia. El consumo de electricidad en la granja contribuye en menos de un 20% a la demanda total de energía. Por tanto, aunque la reducción del uso de energía se considera con frecuencia el objetivo principal para mejorar el desempeño ambiental de las granjas, parece claro que los efectos de tales reducciones en los impactos ambientales generales son limitados.

 

Gestión de la gallinaza

El estiércol de gallinas ponedoras también puede ser empleado como sustrato para la obtención de biogás mediante digestión anaerobia, de manera que a partir de dicho biogás se puede recuperar energía para su uso en la granja. No obstante, por su alto contenido de nitrógeno y fósforo, el método más empleado en la gestión del estiércol de aves de corral es su aplicación al suelo como fertilizante orgánico. Esta práctica conlleva beneficios ambientales como la reducción de la demanda de fertilizantes sintéticos, pero también presenta ciertos efectos nocivos, ya que puede incrementar la lixiviación de nutrientes y las emisiones a la atmósfera. En este sentido, el compostaje es una interesante alternativa para el tratamiento del estiércol, puesto que permite su estabilización biológica minimizando el riesgo de presencia de patógenos.

Técnicas para reducir el impacto ambiental de las granjas

La aplicación de las mejores técnicas disponibles, obligatoria en las granjas de la Unión Europea, contribuye a la reducción del impacto ambiental. Además de las ya aprobadas, se están desarrollando nuevas tecnologías para la gestión de las explotaciones que podrían ayudar a reducir las emisiones asociadas a la avicultura. Por ejemplo, el tratamiento de los gases generados mediante el empleo de dispositivos de membranas permitiría reducir las emisiones de amoniaco generadas por el estiércol en aves de corral, al tiempo que el amoniaco recuperado podría ser utilizado como fertilizante.

Finalmente, se han propuesto algunas estrategias para mejorar el desempeño ambiental de las granjas de manera general. En particular, la integración cultivo-ganadería ha sido descrita como la mejor alternativa, ya que estos sistemas permiten incrementar la cantidad de pienso obtenido de la zona de cultivo (maximizando la autosuficiencia forrajera) y, al mismo tiempo, posibilitan la aplicación al suelo de una mayor cantidad de estiércol en comparación con los sistemas de cultivo convencionales.

También la generación de energía renovable para el consumo de las instalaciones (energía fotovoltaica, principalmente) mediante instalación de placas solares en las cubiertas de los edificios o en los parques al aire libre de las granjas, o a partir de la digestión anaerobia del estiércol para la obtención de biogás, permite reducir la demanda energética de la granja. Son ya de uso generalizado los sistemas de iluminación y ventilación de bajo consumo eléctrico, así como el suministro de agua por circuitos cerrados con dispensadores de tetina. Los sistemas de tetina no sólo favorecen el ahorro de agua, sino que contribuyen a reducir el impacto ambiental, ya que ayudan a mantener la cama seca (esto evita que el estiércol se moje, de manera que se produce una menor liberación de amoniaco al aire).

Asimismo, se están desarrollando e implantando nuevas tecnologías (cámaras, sensores, micrófonos, etc.) para gestionar las explotaciones, permitiendo monitorizar y controlar automáticamente las variables ambientales, fisiológicas y de comportamiento, lo que podría contribuir a reducir los impactos ambientales de las granjas por la reducción de enfermedades, mortalidad y uso de recursos empleados en su gestión.

Y, por último, pero no menos importante, la mejora continua de la genética y del control sanitario de las ponedoras es esencial para reducir su impacto y el uso de recursos en la producción de huevos. La vida útil de las gallinas se ha alargado en los últimos años desde las 72 a las 100 semanas, lo que implica menor tasa de reposición y períodos improductivos (durante las 16 semanas que dura la cría de las futuras ponedoras). Gracias a la mejora genética la producción de huevos por aves en las estirpes comerciales es cada vez mayor (pasó de 312 a 325 huevos por año entre 2010 y 2015), y más eficiente, ya que requiere menos recursos (el índice de conversión bajó entre 2010 y 2015 de 2,20 a 2,13 kg de alimento para producir un kg de huevos).

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