Retos medioambientales de la avicultura

AUTORA: Dª. Mercedes Sánchez Bascones.

Doctora en Ciencias y Tecnología Agraria. Profesora titular de la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias. Universidad de ValladolidMiembro del Consejo Asesor del Instituto de Estudios del Huevo.

26 de noviembre de 2020.- La producción mundial de huevos destinados a la alimentación se ha incrementado en las últimas décadas debido principalmente a que los huevos de gallina suponen, además de una valiosa fuente de proteínas, un recurso económicamente asequible para buena parte de la población mundial. En contrapartida, este desarrollo del sector provoca un impacto en el medio ambiente, que va más allá del tan debatido bienestar de las gallinas, y afecta a todo el ciclo productivo, es decir, desde la producción primaria de vegetales para la producción de pienso con el que alimentar los animales, hasta la gestión de los residuos y el consumo de agua, generando efectos negativos en la naturaleza, como la emisión de gases de efecto invernadero o la contaminación del suelo y del agua.

No existen muchos estudios dedicados a evaluar el impacto de las granjas de gallinas en los ecosistemas. [1] Las conclusiones del realizado por la Universidad de Oviedo, en el año 2018, muestran que, de las 18 categorías ambientales estudiadas, 16 afectan a la producción del pienso, junto con el reemplazo de las gallinas de ‘desvieje’ por nuevas ponedoras, así como los efectos asociados a la fabricación de materiales utilizados en el empaquetado de los huevos. En cuanto a las actividades que reducen los impactos negativos, destaca el efecto beneficioso que ejerce sobre el medioambiente una adecuada gestión de los residuos generados en la granja. En efecto, cualquier producto de la excreción orgánica, si se presenta en cantidades suficientes, puede tener graves consecuencias ambientales si no es gestionado adecuadamente.

Tal y como se establece en el documento Guía de las mejores técnicas disponibles para reducir el impacto ambiental de la ganadería, editado por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente en 2017[2], “La actividad ganadera, como cualquier actividad humana, tiene una repercusión sobre el Medio Ambiente, pudiendo alterar la calidad del aire, del suelo y del agua, generar gases de efecto invernadero o emitir polvo y olores. Estas emisiones están limitadas, supervisadas y controladas por diversas normas, la mayor parte de ellas de carácter supra-nacional, como son las Directivas sobre emisiones industriales (prevención y control integrados de la contaminación) o la relativa a la reducción de las emisiones nacionales de determinados contaminantes atmosféricos, las cuales España está obligada a cumplir. Además, existen una serie de compromisos internacionales, como el Protocolo de Gotemburgo o el Acuerdo de París, que España ha suscrito y que tiene que cumplir en su apuesta firme por conseguir un medio ambiente más saludable. La actividad ganadera no es ajena a estos compromisos; muy al contrario, es una de las más interesadas en su cumplimiento

Cada explotación aplicará las Mejores Técnicas Disponibles (MTDs) que mejor se adapten a su situación específica. Puesto que no todas las MTD pueden aplicarse con carácter general, la mayoría de las veces hay que decidir entre las distintas técnicas recogidas, y esa decisión dependerá de factores relacionados con aspectos externos e internos de la granja.

Sin embargo, una vez dicho todo lo anterior, convendría detenerse en analizar cuáles son los verdaderos retos medioambientales a los que se enfrenta la ganadería intensiva hoy en día.

Por una parte, tenemos las emisiones de amoníaco. La reducción de NH3 en la UE sigue siendo un desafío clave. La Directiva NEC 2016/228/CE sobre Techos Nacionales de Emisión de determinados contaminantes atmosféricos y el Protocolo de Gotemburgo del Convenio de Ginebra sobre Contaminación Atmosférica Transfronteriza a Larga Distancia establece unos compromisos de reducción de emisiones para 2020 en adelante y 2030 en adelante, marcando como prioridad el amoníaco. En el caso de España, estos techos implican una reducción del 3% en las emisiones de NH3 para cualquier año entre 2020 y 2029 y del 16% para cualquier año a partir de 2030, comparado con las emisiones correspondientes al año 2005, establecidas como base. Estos valores son una limitación para el crecimiento del sector ganadero y la competitividad de los productores de la UE.

El sector agrícola-ganadero fue responsable del 92% de las emisiones de amoníaco en la UE en 2017 ([3]EEA Report No 10/2019). El amoníaco se origina principalmente a partir de la descomposición del estiércol producido por el ganado estabulado y por la aplicación de fertilizantes nitrogenados. Las emisiones se producen en las naves de ganado (44%), en el almacenamiento de estiércoles y purines (25%) y en la aplicación sobre el terreno (31%). Como se indica en el Protocolo de Gotemburgo, y por la Comisión Económica de la ONU para Europa (CEPE), es necesario establecer “un código marco de buenas prácticas agrícolas para reducir las emisiones de amoníaco”. Las emisiones de amoníaco superaron el límite máximo durante los años 2010-2018, con un exceso de emisiones de más del 25% de media sobre el techo.

En el Protocolo de Gotemburgo, el amoníaco es uno de los cuatro contaminantes precursores que causan acidificación, eutrofización y ozono troposférico. De hecho, el NH3 es una causa de contaminación del aire y puede contribuir potencialmente a la acidificación y eutrofización, lo que puede dañar la vegetación sensible, la biodiversidad, la calidad del agua y la salud humana. Está claro que las estrategias desarrolladas hasta ahora para el control de las emisiones de amoníaco no han sido efectivas (no hay más que consultar el cálculo de emisiones de gases del sector ganadero en relación con la directiva IPPC-Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes, PRTR-España), y por ello es necesario plantear nuevas estrategias y supondrán un gran reto a afrontar por el sector.

Por otra parte, nos encontramos con el recientemente aprobado [4]“Pacto Verde Europeo” que aboga por ser el primer continente climáticamente neutro en el año 2050. Su objetivo es dotar a la UE de una economía sostenible para lo que se precisa transformar los retos climáticos y medioambientales en oportunidades en todos los ámbitos políticos y lograr una transición justa e integradora para todos. Para ello, la Comisión propondrá una “Ley Europea del Clima” con el fin de convertir este compromiso político en una obligación jurídica y en un incentivo para la inversión. El sector avícola debe implicarse para convertir este reto en oportunidades de negocio.

Y en los tiempos que nos ha tocado vivir, sería obligado finalizar haciendo nuestra la reflexión de Frans Timmermans, Vicepresidente Ejecutivo de la Comisión Europea: “La crisis del coronavirus ha demostrado cuán vulnerables somos todos y cuán importante es restablecer el equilibrio entre la actividad humana y la naturaleza. En el corazón del Acuerdo Verde, las estrategias de Biodiversidad y Granja a Bifurcación apuntan a un nuevo y mejor equilibrio de la naturaleza, los sistemas alimentarios y la biodiversidad; para proteger la salud y el bienestar de nuestros pueblos y, al mismo tiempo, aumentar la competitividad y la resistencia de la UE. Estas estrategias son una parte crucial de la gran transición en la que nos estamos embarcando”.

 


Referencias

[1] Environmental assesment of intensive egg production: A Spanish case study. Abin, Rocio et al. “Journal of Cleaner Production 179(160-168) DOI: 10.1016/j.jclepro.2018.01.067 1 de abril de 2018

[2]https://www.mapa.gob.es/es/ganaderia/temas/ganaderia-y-medio-ambiente/mejorestecnicasdisponiblesparareducirelimpactoambientaldelaganaderia_tcm30-436663.pdf

[3] EEA Report No 10/2019. Air quality in Europe — 2019 report. European Environmental Agency ISSN 1977-8449

[4] https://ec.europa.eu/info/strategy/priorities-2019-2024/european-green-deal_es

Tel: (+34) 915 343 265  – institutohuevo@institutohuevo.com  Copyrights © Instituto de Estudios del Huevo 2020