El bienestar en gallinas de puesta

AUTORA: Dra. Déborah Temple.

Veterinaria investigadora en el grupo de comportamiento y bienestar animal de la Facultad de Veterinaria. Universidad Autónoma de Barcelona. Diplomada por el Colegio Europeo de Bienestar Animal y Medicina del Comportamiento. Miembro del Consejo Asesor del Instituto de Estudios del Huevo.

31 de agosto de 2020.- Las gallinas ponedoras pueden alojarse en diferentes tipos de sistemas. En la UE se definen por norma los siguientes sistemas de alojamiento: jaula enriquecida y sistemas sin jaula. El suelo (normalmente conocido como aviario) y campero, es decir, con acceso al exterior, son ejemplos de sistemas sin jaula. Además, si hablamos de sistema de producción, podemos diferenciar la producción ecológica. Dentro de cada uno de estos sistemas hay una gran variedad de instalaciones y de tamaño de naves. Mientras que en su gran mayoría la genética de las gallinas de puesta en España es bastante uniforme en las granjas, encontramos una gran variedad en cuanto al manejo de las gallinas. Esto hace que cada granja sea singular, esto es, única, en muchos aspectos. El bienestar animal es uno de ellos.

Es un error asociar el bienestar animal a un sistema de producción. Por su naturaleza multifactorial, el bienestar de un animal varía mucho entre granjas, entre lotes e incluso en un mismo lote de gallinas. Cada tipo de instalaciones y de sistema productivo tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Dejando aparte la genética de los animales, el manejo es clave para potenciar los puntos fuertes de un sistema y contrarrestar los puntos débiles, con anticipación y previsibilidad. A modo de ejemplo, las instalaciones que proporcionan un suelo con una zona de yacija friable y seca potenciarán la conducta de picoteo y exploración de las gallinas, conducta identificada como esencial para su bienestar. Sin embargo, si la yacija se ensucia y se compacta, pierde su función y las gallinas no utilizarán esta zona para sus actividades esenciales. Además, se convierte en una posible fuente de problemas sanitarios. Otro ejemplo de problema de bienestar presente en muchas explotaciones es el ácaro rojo. Este parásito hematófago produce irritaciones, dolor y estrés crónico a las gallinas tanto durante el día como durante la noche. El ácaro rojo puede infestar cualquier granja de gallinas de puesta, independientemente del sistema de producción. La capacidad del ganadero para monitorizar, prevenir y tratar la infestación es un punto clave para controlar este problema grave de bienestar animal.

Así, podemos decir que, en cuanto al bienestar animal, existe más variabilidad entre granjas que entre sistemas de producción y que un buen manejo es un factor determinante.

¿Qué es el bienestar animal?

El concepto de bienestar animal incluye tres elementos principales: el funcionamiento adecuado del organismo (lo que, entre otras cosas, supone que los animales estén sanos y bien alimentados), el estado emocional del animal (incluyendo la ausencia de emociones negativas tales como el dolor y el miedo crónico) y la posibilidad de expresar algunas conductas normales propias de la especie. Es importante tener en cuenta que no todas las conductas son igualmente importantes en lo que al bienestar del animal se refiere. Desde un punto de vista práctico, la indicación más clara de que una conducta es importante en sí misma es el hecho de que el animal muestra una respuesta de estrés o manifiesta conductas anormales cuando no puede expresar la conducta en cuestión. La conducta de picoteo/exploración, los baños de arena, la conducta de nidificación y la de aselarse (subirse a un lugar alto para dormir o descansar) son ejemplos de estas conductas importantes para las gallinas.

Los tres principios comentados antes aparecen recogidos en varias definiciones “oficiales” de bienestar animal. Así, por ejemplo, la Organización Mundial de la Sanidad Animal considera que un animal se encuentra en un estado satisfactorio de bienestar cuando está sano, confortable y bien alimentado, puede expresar su comportamiento innato y no sufre dolor, miedo o distrés. De acuerdo con el denominado “principio de las cinco libertades” del Farm Animal Welfare Council, el bienestar de un animal queda garantizado cuando se cumplen los cinco requisitos siguientes:

Las cinco libertades

  • El animal no sufre sed, hambre ni malnutrición, porque tiene acceso a agua de bebida y se le suministra una dieta adecuada a sus necesidades.
  • El animal no sufre estrés físico ni térmico, porque se le proporciona un ambiente adecuado, incluyendo refugio frente a las inclemencias climáticas y un área de descanso cómoda.
  • El animal no sufre dolor, lesiones ni enfermedades, gracias a una prevención adecuada y/o a un diagnóstico y tratamiento rápidos.
  • El animal es capaz de mostrar la mayoría de sus patrones normales de conducta, porque se le proporciona el espacio necesario y las instalaciones adecuadas, y se aloja en compañía de otros individuos de su especie.
  • El animal no experimenta miedo ni distrés, porque se garantizan las condiciones necesarias para evitar el sufrimiento mental.

El principio de las cinco libertades constituye una aproximación práctica muy útil al estudio del bienestar y especialmente a su valoración en las explotaciones ganaderas y durante el transporte y sacrificio de los animales de granja. Además, este principio ha constituido la base de muchas de las leyes de protección de los animales en la Unión Europea y en otras partes del mundo. A pesar de su indudable utilidad, el principio de las cinco libertades presenta dos problemas. En primer lugar, resulta en ocasiones excesivamente genérico. Además, algunas de las cinco libertades se superponen entre ellas. Como respuesta a estos problemas se han propuesto aproximaciones ligeramente diferentes, aunque basadas en los mismos conceptos. En particular, debe tenerse en cuenta la propuesta de valoración del bienestar animal del proyecto Welfare Quality®. El proyecto Welfare Quality® es un proyecto de investigación de la Unión Europea que se inició en mayo del 2004 y tuvo una duración de cinco años. En el proyecto participaron más de 40 instituciones científicas de quince países distintos. Uno de los objetivos del proyecto fue poner a punto un sistema de valoración del bienestar animal que sea aceptado por la Unión Europea. Cabe destacar que los protocolos Welfare Quality® incluyen mayoritariamente medidas basadas directamente en los animales, a diferencia de otros protocolos que incluyen básicamente medidas basadas en el ambiente.

¿Cómo evaluamos el bienestar de los animales?

Los factores ambientales como las instalaciones o el clima interaccionan con el manejo y la genética del animal haciendo que este se adapte con más o menos facilidad al ambiente. Cuando un animal tiene dificultades de adaptación al ambiente que perjudican su bienestar aparecen cambios de comportamiento y también alteraciones fisiológicas. Por ejemplo, el picaje de plumas es una conducta de alimentación redirigida hacia un estímulo inadecuado (otras gallinas). Esta conducta puede aparecer en situaciones de estrés o frustración en cualquier sistema de producción. La liberación de corticosterona es un ejemplo de biomarcador de estrés crónico en aves.

Los cambios de comportamiento suelen aparecer antes de que las alteraciones de salud y la reducción en la productividad sean visibles. A nivel práctico, la monitorización de los cambios de comportamiento de las aves nos ayudará a identificar un problema de bienestar latente.

 

 

Valoración del bienestar animal

De acuerdo con los protocolos Welfare Quality®, la valoración del bienestar animal debe tener en cuenta cuatro aspectos:

• ¿Se alimenta a los animales de forma correcta?

• ¿Se aloja a los animales de forma adecuada?

• ¿Es adecuado el estado sanitario de los animales?

• ¿Refleja el comportamiento de los animales un estado emocional adecuado?

Este último aspecto puede ser el más novedoso y controvertido. De una forma muy sencilla, hace referencia al hecho de que los animales no deberían experimentar miedo, dolor, frustración o cualquier otro estado emocional negativo, al menos de forma crónica o muy intensa.

Estas cuatro preguntas son el punto de partida de un conjunto de 12 criterios en los que debería basarse cualquier sistema de valoración del bienestar. Dichos criterios, ordenados según las cuatro preguntas anteriores, son los siguientes:

PRINCIPIOS Y CRITERIOS EN LOS PROTOCOLOS WELFARE QUALITY®

Alimentación

·     Ausencia de hambre prolongada.

·     Ausencia de sed prolongada.

Alojamiento

·    Confort en relación al descanso.

·    Confort térmico.

·    Facilidad de movimiento.

Sanidad

·     Ausencia de lesiones.

·     Ausencia de enfermedad.

·     Ausencia de dolor causado por prácticas de manejo tales como el corte de              pico.

Comportamiento

·    Expresión de un comportamiento social adecuado.

·    Expresión adecuada de otras conductas.

·    Interacción adecuada entre los animales y sus cuidadores, de forma que aquéllos no muestren miedo de las personas.

·    Estado emocional positivo.

El bienestar animal es un aliado de la producción

Se ha demostrado que el estrés crónico está directamente relacionado con una reducción de la capacidad de respuesta inmune en los animales y, por lo tanto, con la aparición de enfermedades. Del mismo modo, el estrés también tiene un efecto negativo sobre la barrera intestinal, lo que aumenta el riesgo de contagios e infección por agentes de zoonosis como las salmonelas.

¿El acceso al exterior es sinónimo de bienestar?

Es cierto que los sistemas que fomentan el acceso al exterior tienen más probabilidades de satisfacer las necesidades de comportamiento de los animales. De hecho, estos sistemas se basan en proporcionar un entorno natural donde las aves puedan expresar comportamientos naturales como el picoteo del suelo, la exploración del entorno en búsqueda de alimentos y los baños de arena. Además, la libertad de movimiento potencia el ejercicio, lo que puede ser beneficioso para la salud de los animales.

Sin embargo, la posibilidad de mostrar un comportamiento natural puede verse limitada por las características ambientales. Por ejemplo, algunos estudios realizados en granjas comerciales de gallinas camperas en Suiza y en el Reino Unido observan que, aunque entre el 47% y el 90% de las gallinas utilizan la zona exterior alguna vez durante un periodo de seguimiento de 3 semanas, sólo un 20% de gallinas sale a la zona exterior cada día. Además, parece que el 60% de las gallinas que salen se quedan a menos de 5 metros de la salida del gallinero. Un estudio realizado en 3 granjas camperas del País Vasco resalta que 49,5% de las gallinas nunca salió al exterior durante un ciclo de puesta. Entre otras causas, parece que las gallinas tienen miedo de explorar la zona exterior debido a la presencia de depredadores tanto terrestres como aéreos. Las pruebas de preferencia y motivaciones muestran que, en algunos casos, los animales pueden percibir las condiciones exteriores como aversivas y, si se les da la opción, prefieren la protección del área interior.

 

Las gallinas de puesta pueden experimentar problemas de bienestar en todos los sistemas de alojamiento. Del mismo modo, ningún tipo de gallinas ponedoras se adapta perfectamente a todos los sistemas. El manejo de cada granja tiene un profundo impacto en el bienestar de las aves; por lo tanto, incluso un sistema de alojamiento que se considere mejor puede tener un efecto negativo sobre el bienestar de las aves si se maneja incorrectamente. Encontrar una combinación correcta entre alojamiento, tipo de gallinas, condiciones de recría y manejo es esencial para optimizar el bienestar y la productividad de las aves.

 

 


Fuentes consultadas

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