Introducción del huevo en la dieta de los niños

AUTORA: Ana Isabel Jiménez Ortega.

Licenciada en Medicina, Doctorado en Nutrición, Gastroenterología y Nutrición Pediátrica. Hospital San Rafael (Madrid). Pediatra en Centro de Salud Nuestra Señora de Fátima (Madrid). Miembro del Grupo investigador VALORNUT (Valoración Nutricional de Individuos y Colectivos. Metodología y Aplicaciones) (920030-validado por la CAM).

 

11 de junio de 2020.- El huevo es un alimento valioso por aportar proteínas de elevada calidad, junto con vitaminas y minerales, ácidos grasos y antioxidantes, que pueden ser muy importantes para el crecimiento del niño en las primeras etapas de la vida, dadas sus elevadas necesidades de nutrientes en relación a su tamaño corporal. Pero el momento de introducción de este y otros alimentos en la dieta del niño es objeto de debate.

El Comité de Nutrición de la ESPGHAN (Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica) señala que la lactancia materna exclusiva, o predominante, es deseable que se mantenga hasta aproximadamente los 6 meses de vida, y que la alimentación complementaria (complementary feeding = CF) (consumo de sólidos y líquidos diferentes de la leche materna o de las fórmulas infantiles) no debe ser introducida antes de los 4 meses, pero tampoco se debe retrasar hasta después de los 6 meses (1).

La introducción de alimentación complementaria se realiza en un período de crecimiento y desarrollo rápidos, cuando los bebés son susceptibles de padecer deficiencias y excesos nutricionales, y durante el cual hay cambios marcados en la dieta con exposiciones a nuevos alimentos, gustos y experiencias de alimentación. Pese a tratarse de una etapa clave y vital para el niño, los datos científicos disponibles ponen de relieve una información limitada y la existencia de una variación considerable en las recomendaciones y prácticas de alimentación complementaria entre los países y dentro de ellos (1).

Como pauta general, la introducción de un alimento se hará en pequeñas cantidades, cualquier cambio deberá ser lento y progresivo y no se introducirá un nuevo alimento hasta que se compruebe la tolerancia al anterior (2).

Aunque no hay un esquema estricto en relación con el orden en la introducción de los alimentos, habitualmente en nuestro medio se recomienda la introducción del huevo en torno a los 8-9 meses (2). Es importante recordar que esta pauta no es una recomendación establecida científicamente, es una ayuda y orientación para los padres. Habitualmente las prácticas en relación con CF reflejan factores culturales y disponibilidad de los alimentos en cada medio (1).

En este contexto orientativo, pero flexible, podríamos preguntarnos si el huevo podría introducirse antes y si conviene aportar únicamente la yema en una primera etapa y posteriormente la clara (como se suele recomendar). La edad sugerida para la introducción del pescado o de la clara de huevo difiere considerablemente entre unos países y otros, en algunos se recomienda que se introduzcan de 4 a 6 meses, mientras que otros recomiendan esperar hasta los 9-12 meses (3).

La razón principal de las discrepancias es el aumento creciente en el padecimiento de alergias en niños de poblaciones desarrolladas, que ha llevado a cuestionar el momento de introducción de diversos alimentos. También se han realizado estudios adelantando o posponiendo el momento de introducción de alimentos alergénicos (leche, huevo, pescado, gluten, semillas) para ver si esto se asociaba con cambios en el padecimiento de alergias (1).

Algunos estudios científicos realizados sobre el tema han encontrado un mayor riesgo de alergia si se introducen sólidos antes de los 3 a 4 meses, pero no hay evidencia de que retrasar la introducción de alimentos alergénicos más allá de 4 meses reduzca el riesgo de alergia, para lactantes de la población general, o para aquellos con antecedentes familiares de atopia (3,4). Sin embargo, es posible que en estos estudios exista un factor de confusión: Quizás en el niño con mayor riesgo, o procedente de familias con mayor incidencia de alergias, se retrasa la introducción de alimentos por temor (1).

El Comité de Nutrición de la ESPGHAN señala que los alimentos alergénicos pueden introducirse cuando se inicia la CF en cualquier momento después de 4 meses. Los bebés con alto riesgo de alergia (aquellos con eccema grave, alergia al huevo, al cacahuete, o ambos) se recomienda que introduzcan estos alimentos entre los 4 y 11 meses, después de la evaluación por un especialista (1).

Respecto al huevo se ha venido aconsejando incluir primero la yema y luego la clara, dado que la clara tiene más proteínas que podrían ser el origen de una respuesta alérgica, pero lo cierto es que es difícil separar la yema de la clara y siempre van a llegar al niño trazas de las proteínas de la clara; y de ser alérgico se podrían dar las manifestaciones con esas pequeñas cantidades. No parece que por retrasar la introducción de un alimento alergénico se evite la respuesta alérgica, pero lo que no se debe hacer es anticipar la introducción del alimento, dado que si el niño tiene inmadurez en su aparato digestivo, puede ser más probable o más grave la reacción alérgica.

Diferentes estudios concluyen que la introducción temprana del huevo a los 4 a 6 meses se asoció con un riesgo reducido de alergia al huevo, con resultados similares en estudios realizados en poblaciones de riesgo normal, alto riesgo y muy alto riesgo de alergia (5).

Lo que sí está claro es que conviene introducir pequeñas cantidades y que el huevo debe estar cocido, para que el calor haya modificado las proteínas del alimento y sean más fáciles de digerir por el niño. El consumo inicial de huevo crudo, o de una tortilla poco cuajada, no sería la mejor idea, porque las proteínas sin tratar por el calor pueden dar lugar con mayor facilidad a reacciones alérgicas (1).

Por otro lado, diversos estudios realizados en niños de 1-3 años (como el estudio ALSALMA y el estudio EsNuPI) ponen de relieve que los niños de estas edades tienen aportes insuficientes de vitamina D, nutriente que podría ser aportado en mayor cantidad por un adecuado consumo de huevos. La colina es otro nutriente poco estudiado, pero vital en etapas en las que se está estableciendo la estructura y función del sistema nervioso.

Teniendo en cuenta lo anterior, la alimentación complementaria no debe introducirse antes de los 4 meses ni después de los 6, atendiendo a factores nutricionales (necesidades del niño), madurativos (el aparato digestivo, intestinal, inmunitario y renal están preparados) y educativos (para familiarizarse con nuevos alimentos, enseñar a masticar, desarrollo orofacial…) (2).

No hay razones científicas para establecer qué alimento debe ser introducido primero, por lo que se tendrán en cuenta las costumbres familiares y del entorno del niño. Retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos no reduce la incidencia de alergia, ni en lactantes sanos, ni en los que tienen riesgo atópico (2).

Aunque hay unas pautas orientativas respecto al momento de introducción de los alimentos, la decisión final se debe establecer para cada niño pensando no sólo en evitar alergias, sino en lograr su máxima salud y mejor desarrollo en todos los sentidos.

 

Foto: UNICEF


Referencias:

(1) Fewtrell M, Bronsky I, Campoy C, et al.  Complementary Feeding: A Position Paper by the European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology, and Nutrition (ESPGHAN) Committee on Nutrition. JPGN 2017;64: 119–132.

(2) Maldonado J, Gil M, Lara F. Nutrición del lactante. En: Tratado de Nutrición. Gil A. ed. Tomo IV: Nutrición Humana en el estado de salud, Editorial Médica Panamericana S.A. Madrid, 2017, pg. 321-338.

(3) Agostoni C, Decsi T, Fewtrell M, et al. Complementary feeding: a commentary by the ESPGHAN Committee on Nutrition. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2008;46(1):99‐110.

(4) Nwaru BI, Erkkola M, Ahonen S, et al. Age at the introduction of solid foods during the first year and allergic sensitization at age 5 years. Pediatrics 2010;125:50–9.

(5) Ierodiakonou D, Garcia-Larsen V, Logan A, et al. Timing of allergenic food introduction to the infant diet and risk of allergenic or autoimmune disease. A systematic review and meta-analysis. JAMA 2016;316:1181–92.

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